HISTORIA DE UNA GUERRERA, Marcelina García Ellis.

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HISTORIA DE UNA GUERRERA

Dedicada a mi madre, Marcelina García Ellis, mujer abnegada y de muchos atributos, con un corazón muy grande, en donde colocó no solo a sus familiares, sino a muchos que se cruzaron en su camino, y que siempre le ayudaron y le tuvieron un gran cariño por su don de gente, y por su gran dicho que donde comen dos, comen tres y cuatro; siempre le tenía un plato al que llegara a su casa, así fuese el suyo. Una mujer a la que la vida no le dio nada fácil, pero ella siempre lo supero con mucha fe y determinación, en todo momento y sobre todo con mucha humildad. Nació 02 de junio de 1920, murió 11 de diciembre de 2011.

Sus hijos:

Ignacio (nacho) Vega García, Atanasio de la Cruz García, Luis Antonio  (Ñito) Lasso García, (finado), Jorge Enrique Olmos García, Carmen Elisa Olmos García, (finada) Oscar Olmedo Olmos García, Carlos Alberto Olmos García, Javier Octavio Olmos García, Mirna Esther Olmos García, Luz Marina Olmos García, Dania María Olmos García, Jorge Isaac Ortega García, en total 12 hijos.

 43 Nietos, 80 bisnietos y 15 tataranietos.

Quiero empezar esta historia, tal y cual ella nos la contaba, ¿de dónde nació este título? ERES UNA GRAN GUERRERA. La vida tiene momentos buenos, malos y regulares, en un momento de mi vida  me sentí abatida y deprimida, recurrí a mi obispo, una persona muy sabia y atinada para dar consejos, le conté mis problemas, y su respuesta fue, tú no estás sola, nunca lo olvides, ERES HIJA DE UNA GUERRERA DE MIL BATALLAS, Jesús fue su gran maestro, te falta mucho por llegar a vivir lo que ella pasó, me hizo recordar lo que mi madre me enseñó, nos sentíamos tan unidas, como si fuéramos una, eso me trajo felicidad, mi pecho quería explotar de emoción, nunca olvidaré ese momento.

Sus vivencias en el Bayano.

 Marcelina García Ellis, panameña, nacida en Bayano de  Chepo, el 02 de Junio de 1920, apodada Marce, Marcela, unos nietos la llamaban Mamá Abuela, otros Agui. Sus padres eran Facunda Ellis, y Joaquín García, ella de Bayano, el colombiano; tuvieron 6 hijos: Sebastián, Vidalia, Martina, Marcelina, Marcelina Marce, Benedicto García Ellis, y de otro papá, Lucila De león Ellis, Feliciana (chana) De León Ellis. Ella, la cuarta  de 8 hermanos, cuando mi madre nació había fallecido Marcelina, para  registrar el nacimiento debería ir a Panamá, y les tomaba tiempo y dinero, a ella le pusieron el mismo nombre  de su hermana fallecida, Marcelina.  Creció  en el campo, ayudando en las faenas del hogar, a la edad de 7 años iba al rio con su mamá a  lavar su ropa, pilaba arroz, sembraba y cosechaba maíz, yuca, frijoles, y realizaba todos los trabajos del campo; era muy inteligente, había mucha armonía y unidad familiar, no tuvo infancia ni juguetes, su madre le hacía muñecas y se las vestía, para ella eran hermosas, su corazón entristeció al quedar huérfana a temprana edad, su padre falleció repentinamente, de una enfermedad desconocida, ahora le tocaba estudiar y ayudar a su mamá.

Facunda se casa nuevamente, fruto de esa unión nacieron sus dos últimas hermanas; al tiempo el señor De León los abandonó, tuvieron que trabajar más duro para poder mantenerse, los hermanos mayores de mamá, se habían casado y solo quedaban los cuatro más chicos.

Nadando en el Bayano Perseguida Entre Cocodrilos.

El destino volvió a tocar la puerta, mi  abuela Facunda fallece, y mi mamá queda huérfana de padre y madre a los 10 años; se va a vivir con una hermana  para seguir con sus estudios. Le ayudaba a su hermana con los  oficios  para poder ganarse su comida, pero le hacían la carga más difícil cada día. Marce se sentía muy presionada, se  llenó  de valor y coraje, y le dice a su hermana, ya no quiero estar más aquí, prefiero buscar otro camino; la discusión se tornó bien fuerte, mi madre decidió  irse, pero había un gran obstáculo, cruzar el caudaloso Rio Bayano, que en esa época estaba apestado de cocodrilos, el cruce lo hacían en piraguas, pero no habían en ese momento. Marce, sin pensarlo dos veces dijo… Dios ayúdame que quiero salir adelante, saltó al rio, nadando con fuerzas nadie la detuvo, su hermana le gritaba, no lo hagas, al verla nadar cayó desmayada; Marce estaba siendo perseguida por varios cocodrilos, pero no pudo ser alcanzada, ella era una gran nadadora, cruzó  sana y salva, fue su primera victoria, siempre con Dios por delante, se fue a vivir con su segunda hermana, allí pudo  terminar su sexto grado.

Con casi quince años, se dedicó a enseñar en las escuelas cercanas a niños pequeños, aprendió mucho folklor, le gustaba la cumbia y el  tamborito, tocaba la caja, le apasionada la música típica y cantaderas; participaba en las tardes de esparcimientos en Bayano.

 Le ayudó a sus hermanas más pequeñas, hasta cumplir los 18 años, es cuando se une con un joven muy  trabajador, el provenía de Tonosí; fruto de esa unión nace su primer hijo Ignacio Nacho Vega, luego se embaraza de su segundo hijo, pero su pareja se enfermó, lo dejan hospitalizado, y al tiempo fallece; como pudo consiguió dinero para poder  enterrarlo.

Ahora, con un hijo y embarazada, le tocaba  lavar y planchar para cubrir sus necesidades básicas, nace su hijo sin padre, ella tuvo que reconocerlo sola.

De Bayano al Barrio del Marañón.

Marcela era una mujer muy elegante y apuesta, a pesar de sus hijos, Antonio Lasso empezó a cortejarla, ella decidió aceptarlo como pareja, de esa relación nació Luis Antonio Ñito Lasso, pero el jugó con sus sentimientos, y le  dijo un día que le planchara una camisa que iba a salir con una muchacha,  mi madre le contesto,  vas a tener que sacar a tu madre de la tumba, que te la planche ella; inmediatamente enfurecido le dió una cachetada, y ella muy valiente y fuerte se le fue encima pegándole  por todos lados, ella saca un golpe certero en sus partes genitales, que lo privó, no se podía levantar del dolor, quedando hospitalizado un tiempo.

 Llegó a su fín esa relación, él era casado y tenía otros hijos, ahora sola y con tres hijos,  se  llenó de fuerza y  toma  la decisión de salir del campo a la ciudad,  buscando un mejor futuro para sus hijos, Ignacio de 5 años, Atanasio de 3  años,  y Ñito de solo  meses. Como pudo guardó unos reales, tomó lo necesario y en una chiva y partió a la ciudad, sin rumbo fijo. Mi madre siempre le oraba a Dios y era devota de San Cristóbal, llegó al Barrio Marañón, donde habían muchos caserones de madera,  caminando con sus dos hijos, Ñito en sus brazos, y en la otra mano una pequeña maleta, averiguando  donde podía conseguir un cuarto, la noche caía, luego de tanto caminar encontró a su primer ángel; una señora  le dice, ven muchacha conmigo, yo te voy ayudar hasta que consigas donde vivir, aquí aparecen cuartos en cualquier momento. De la emoción a mi madre se le salen las lágrimas, dándole las gracias a la señora, ella vivía en la planta baja de un caserón. A Los días la señora  Mauricia le dijo que necesitaban  trabajadoras  en un  restaurante, que fuera que ella le cuidaba a los niños, así empezó a trabajar, a los días consiguió un cuarto  cerca del trabajo, sus hijos se quedaban solos con el mayor de 7 años, no era nada fácil allí vivía toda clase de personas mal intencionadas, empezaron los problemas, solo había un baño comunitario, mi madre le decía a los niños que hicieran sus necesidades en una bacinilla  y la dejaran en la puerta, que cuando ella llegara la botaba y lavaba, una señora empezó a botarle las bacinillas a los niños, mi madre las  compraba y ella las botaba, un día le dijo a Mauricia, quédese con los niños por que hoy se acaba esto, no voy a trabajar y voy esperar que la bote, al llegar esta mujer grande y bullera, haciendo gárgaras, tomó la bacinilla y la  tiró al basurero, mi madre se fue la recogió y se la puso en le cabeza, con tanta fuerza que no la dejo reaccionar, le entró a golpes y fueron a parar a la corregiduría,  allí le dieron la razón a mamá.

El incendio en Marañón.

Pasó el tiempo y conoce un policía que se sintió atraído por mi madre, y  empiezan a conocerse, los gastos se iban incrementando, el dinero no alcanzaba,  ella después que salía del restaurante, se iba a planchar y lavar en los apartamentos de perejil, como llegaba a veces de noche, ella le decía a su hijo mayor, Nachito, no le abras a nadie la puerta, si te acuestas te amarras un hilo al dedo gordo, y cuando yo llege te halo un poquito y abres, así lo hacía su hijo, era muy obediente.

 Un día pasó un gran incendio en el marañón, oyó  las sirenas que le llamaban el cacho, salió corriendo a buscar a sus hijos, como ella siempre instruía a su hijo, Nachito tomó a sus hermanitos amarrándolos con su correa,  salió del área del fuego , no faltó una buena mano que los reconoció, y los llevó a un lugar más seguro; mi madre  estaba como una loca gritando por las calles llamándolos, y preguntando por sus hijos, fue un momentos de desesperación, pero alguien le dijo que los habían recogido, los encontró sanos y salvos , pudo sentir alegria entre llantos y abrazos .

El gobierno los albergó por un tiempo, hasta que ella pudo conseguir otro cuarto, e inicia una relación con el policía, él le brindaba algo de ayuda para pagar el cuarto. Al pasar el tiempo y ver que todo se le hacía más difícil, un día salió a caminar a la playa del chorrillo, donde había un muro de piedra alto, se sentó con los tres a pensar, y ver que no tenía casi para comer, de momentos el maligno se apodero de su mente , haciéndola pensar en saltar con sus hijos y terminar todo hasta ahí, en un instante, el más chico quiso pararse y se resbaló, sin pensarlo dos veces se lanzó a salvarlo, comprendiendo entonces que Dios le estaba dando una lección,  le pidió perdón y decidió seguir su lucha, ya que Dios estaba con ella… el conoce todos nuestros pensamientos y nunca nos abandona, pero hay que hacer la lucha.

Se va a vivir a Panamá la vieja.

Después de andar por varios cuartos en la ciudad, se da cuenta que en el área de Panamá viejo, la gente se estaba metiendo como precaristas, se había casado con el policía, su tercera pareja, deciden construir una casita de madera, comienza  una lucha y organiza  un grupo de mujeres de la comunidad, haciendo reuniones y  negociaciones, con el representante y con el General Torrijos se pudo lograr la consecución del terreno que antes era Lefevre. De inmediato lotifícan el terreno, cada uno podía medir, comprar y construir sus viviendas , mi madre  pudo tener su primera casa, gracias  Dios.

Inicio de Nachito y Ñito en el acordeón.

Nachito Vegas, el mayor de 16 años, le  gustaba la música, aprendió a tocar el acordeón, al igual que Ñito, el más chico, que se defendía  vendiendo periódicos, mi madre consiguió trabajo como ayudante en el profiláctico, donde aprendió a cuidar a personas enfermas en casa, Ignacio le ayudaba, con el tiempo se graduó en el Artes y Oficios como auxiliar, pero en realidad lo suyo era la música, para esa época  concursó en el Festival de Guararé , en el  Gelo Córdoba, ganando un premio, y logró comprar  un buen acordeón.  Comenzó a practicar y tocar en pequeñas fiestas, su hermano menor que siempre lo vió como su punta de lanza, le siguió el camino y aprendió a tocar el acordeón, el segundo hijo le gustaba la pesca, quería embarcarse con un amigo, su madre le dijo que no,  pero se fue de todas maneras,  desobedeciendo a su mamá, a media noche oye en las noticias que el  barco había  explotado, y un tiburón se había comido a uno, corrió al hospital Santo Tomas, gritando como una loca, al ver que en la lista no estaba el nombre de su hijo, buscó entre los sobrevivientes, pasando por una cama vió a alguien irreconocible por las quemaduras, su corazón de madre la detuvo, era su hijo, sintió un gran dolor en ese instante y dijo, Dios te permitió estar aquí, de esta te levantaras hijo mío querido, fue otra prueba más en su vida, su hijo se pudo recuperar con mucho cuidado y dedicación.

El terreno que ella consiguió era grande, algunos hijos se habían casado, ella  les cedió lotes para que construyeran sus viviendas, lo que quedaba era para los otros cuando hicieran familia.

La pérdida de su hija.

Mi madre tenía quince años de estar sufriendo con su hija mayor, por un tumor en la cabeza, ella cuando niña ayudaba mucho a mamá, cuando mi madre estaba embarazada de mí, hizo casi todo su embarazo en el hospital cuidándola, antes de entrar a su segunda operación, mi hermana  le dice “ madre no sufras, tú vas a tener una niña y le pondrás Dania María, siempre te voy a cuidar”, como lo supo, mi hermana era un angel, no resistió la segunda operación y fallece, mi madre pasó mucho tiempo deprimida  con su mente en otro lugar, lloraba y le pedía a Dios que se la devolviera, que se la llevara a ella.

A mi madre le dan los dolores de parto, pero, es trasladada al hospital por mi padre y hermanos,  estando allí dice mi madre que se quedó dormida, y vió un ángel que le decía, tu hija está bien, te mandé otra, si no la quieres me la llevo, en ese momento despertó  y nací, ella entendió que no podía dejar a sus otros hijos, que también la necesitaban, su ángel estaba con Dios. Su vida siguió, pero no con mucha felicidad, tenía problemas con su pareja de  celos y maltratos, desde que tuvo su primer hijo con ella, él no la dejo trabajar como antes, fueron muchos años que aguantó, hasta que dijo yo he salido de muchos problemas, no seré más una mujer maltratada, hablo con sus hijos y les dijo que se iba a ir de la casa, pero que sólo se llevaría a los más chicos, y los más grandes que terminen la escuela con su padre, después ella los visitaría.

Al tomar esta decisión hubo un amigo que la apoyó, le ayudó a conseguir un cuarto, se mudó con los hijos  pequeños, a iniciar  solo lo que llevaban puesto, fueron muchos días de trabajo, era difícil  ver como salía a conseguir comida para nosotros, no tenía pensión alimenticia, nunca pasamos hambre, a veces esperábamos  que ella llegara de su trabajo a las 10 u 11 pm, y comer de lo que ella traía;  viviendo en Veranillo conoce a una señora con cuatro niños, mi madre le ayudaba en el cuidado de sus hijos mientras ella salía a planchar o lavar, un día la señora se enfermó y la llevó al hospital, con problemas en los riñones, los médicos la desahuciaron, antes de morir le dijo que buscara a una tía y le entregara  tres de los cuatro hijos y que ella se quedara con el de 8 meses, que ella firmaria la adopción, mi madre lo reconoció como su hijo.

Así fuimos creciendo en armonía, ella contándonos cuentos, adivinanzas, trabalenguas y poesías; compartiendo los valores en familia el tiempo parecía detenerse.

A mi madre no le gustaba vivir en Veranillo, por las lomas,  caminos  y con personas que podrían hacernos daño, deseaba  que sus  hijos crecieran en otro lugar. En dos ocasiones se accidentó  cargando tanques de agua, rompiéndose las  piernas en dos partes, pero no se quedaba tranquila, en esa condición no podía salir y montó un Kiosco de verduras y frituras para vender desayuno, ese era su sustento mientras se curaba, en su casa tenía su huerta de plátano, guineo, papaya, culantro, ajíes, criaba gallinas, lo que aprendió cuando niña  la supo poner en práctica en toda su vida.

Después que mi madre se recupera, vuelva a su trabajo habitual, yo  iba a mi escuela como de costumbre,  pero un día al salir, un carro me mallugó un pie, se formó un alboroto y confusión, una niña salió corriendo donde mi mama y gritando, “a Dania la atropelló un carro”, mi madre iba llegando del trabajo y salió muy angustiada, pero ya mi hermano me llevaba a casa, me llevaron  al médico, no hubo fracturas.

Nos fuimos a Juan Díaz.

Mi madre compró un terreno en Concepción, Juan Díaz, allí pudo construir su casa, sentíamos tranquilidad, pero ella seguía trabajando, porque todas las parejas que tubo tenían compromisos con sus otros hijos, ella tenía que proveer para nosotros. Cuando no  tenía a quien cuidar en su trabajo, hacía rifa, one-two, nos hacía ropa de gitanas y congos, conseguía un tamborcito y salíamos a la calle a cantar y bailar, en las fiestas patronales nos llevaba con otros niños a presentarnos en tarimas, reinados y ferias, así lográbamos entradas.

Recuerdo que yo tenía 12 años, íbamos a clase, de regreso nos  encerrábamos, era la orden de mamá, una niña siempre pasaba a gritarnos improperios, yo quería salir a pelear, pero mi hermana Marina no me dejaba,  por temor a que le hicieran algo a mamá, ella  decía que había nacido con una sola caña en sus muñecas, y pegaba fuerte, nos había enseñado a defendernos. A mis hermanos  les gustaba el boxeo,  yo me calzaba los guantes con el más pequeño, el que le seguía querían ser boxeador, ella no lo aprobó, le conté a mi madre lo que pasaba, mamá trató de arreglar las cosas atraves del dialogo y fue en vano, luego ella le lanza un reto, que una de sus hijas se calzara los guantes con su hija, para arreglar la situación, pensé que era yo para ese combate, ese día no estaba en óptimas condiciones, según mi madre, la niña no le fue muy bien y mi madre interfirió en el pleito  dijo que era suficiente pero que nunca más le buscara problema a sus hijas ya que ellas no se metían con nadie.

Auxiliar de enfermería a residencia.

 Trabajó como auxiliar cuidando enfermos en las casas, y en hospitales, siempre les entregó su amor y dedicación,  a pesar de que estaban desahuciados, con ella duraban más de lo que los médicos decían,  cuidó a muchas personas importante en el país, como el expresidente Ernesto de la Guardia, doña Etelvina Meléndez, Elizabeth de Alfaro, al Exgobernador Carlos García, Angélica de Paterson, fundadora de la escuela Isabel Herrera De Obaldía,  familias  como,  Diez, Illueca, Doce y muchos más, ella  me enseñó a cuidarlas, le acompañaba  muchas veces a su trabajo, me tocó ayudarle con la Sra. Etelvina, a pesar de que lo hacía bien no era mi profesión, a su edad no se daba por vencida, cuando yo tenía 15 años mi madre ya era de 60 años, y estaba como un roble de fuerte, a pesar que a veces doblaba turnos en el trabajo, ella estaba dispuesta a sacarme adelante, no la defraudé, me gradué sin fracasar, ese día se sentía muy  alegre y orgullosa de mi, una experiencia que no lo podré olvidar nunca.

 La última pareja que tuvo fue un compañero para escucharla y apoyarla en ciertas cosas elementales, como hacer comida mientras ella no estaba, el no aportaba lo suficiente, ella trabajo hasta que ya no pudo más. Estuvo pendiente de todos sus hijos, aunque ya fueran mayores de edad, siempre los llamaba o visitaba, tenía una conexión espiritual muy grande con todos, decía que sentía cada golpe o sufrimiento de todos, y cada vez que alguno tenía un problema, ella sabía que algo pasaba, una vez su hijo Nachito, viajando de un toque, la camioneta se volcó, ella pudo sentirlo,  su tercer hijo se quemó arreglando su carro;  cada suceso, accidentes, malestares, ella tenía ese presentimiento.

Nachito y Ñito

Mi madre tuvo algunos momentos de alegría y felicidad, principalmente con el  triunfo de algunos de sus hijos, su primer hijo Nachito, tuvo un buen momento en la música, este se radicó en David, Chiriquí, igual que Ñito, su tercer hijo, tuvieron muchos éxitos,  se presentaban en las ferias y en toda la provincia chiricana principalmente, ella sacaba tiempo para ir por lo menos una vez al año, a la feria de san José, y disfrutar y ver a sus hijos en tarimas, y bailar sus canciones, se sentía muy  orgullosa de sus hijos músicos, la gente la admiraba, al ver su gran energía y entusiasmo.

El Fallecimiento de Ñito Lasso.

Algo duro para ella fue, cuando se enteró que Ñito Lasso padecía de  cáncer de colon, siempre le demostró valor y amor de madre, a pesar de que por dentro estaba destrozada,  se fue a los lugares más remotos del país, buscando la cura que muchos decían tener, cruzó puentes colgantes, caminos, en botes y helicóptero, nunca perdió la esperanza de encontrar un milagro, permaneció a su lado hasta  el último suspiro de  Ñito, fue un duro golpe, hasta sufrir un infarto que la mantuvo hospitalizada, se pudo recuperar, pero su salud se deterioraba, su corazón empezó a agrandarse, y le afectó los pulmones, pero siempre dándole  gracias a Dios y orando por sus hijos, valoró a su familia, pendiente de sus hermanos, visitándolos, se sentía regocijada cuando los veía, en especial sus hermanas que más se frecuentaban, cuando nos visitaban traían frutas, guandúes, cocos, y aliviaban un poco nuestra situación.

Mi madre era una hospedadora.

Algunas  personas  llegaban a su casa, si no tenían donde quedarse les ofrecía hospedaje, creo que ella supo pagar, cuando necesitó, manos generosas le ayudaron.

 Marce, crió algunos de sus nietos, un hijo le dejó uno desde pequeño, cuidó un nieto del segundo hijo, a veces se iba con su padre, lo quería como un hijo, educó a otros dos, de una de sus hijas,  eran muy apegados a su abuela, siempre la acompañaban. Su otra hija tuvo problemas en su matrimonio y  recurrió a mi madre.

Sus últimos 27 años se lo dedico de lleno a Dios y la iglesia, ella se bautizó en la iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días,  aceptó a Dios como su único padre y Jesucristo su salvador, se propuso estudiar la palabra de Dios y la vida de Jesucristo, era muy activa, viajó al templo de Costa Rica, fue su mejor experiencia espiritual, luego se construyó el templo en Panamá, y siempre le pedía a un hijo o amigos que la llevaran, sus visitas al templo no eran sólo por ella, se propuso por sus creencias bautizar a todos sus familiares ya difuntos, y ser sellada con ellos, para su encuentro después de la muerte, y así lo hizo, logró terminar lo que se había propuesto con sus antepasados e hijos, además de hijos ya finados.

Reuniones familiares.

Era una mujer de mucha tradición, algo que  nos reunía a todos era su famoso dulce de frijol, para semana santa, si alguien no llegaba,  ella con mucho amor le guardaba su parte, le gustaba vernos reunidos en el día de  las madres, navidad o su cumpleaños,  algunos por la distancia no podían llegar, ellos la llamaban por teléfono, era una gran bailadora, la música la llevaba en la sangre, le gustaba vestir con elegancia y aroma de mujer, con su cuerpo bien erguido al caminar.

 Era amante de las  frutas,  en especial la sandía, cuando estábamos pequeños ella compraba una sandía grande, escogía la mejor, la partía por la mitad, una para ella y la otra se la repartía entre sus hijos, nos decía ya les dí a todos, de esta no me pidan, no era egoísta pero la sandía era lo que más disfrutaba, aunque le pidiéramos más, nos decía que  no.

Le gustaba ayudar y compartir con los que menos tenían, les recogía  ropas que otros no usaban, le decía a  todo el que pudiera dar, la iba  guardando para cuando viajaba a la ciudad de David, Chiriquí, allá llegaba y llamaba a los vecinos para que ellos escogieran lo que deseaban, le gustaba ser muy caritativa.

 Le gustaba la lectura de allí aprendía los cuentos y chistes, que después le contaba a sus nietos, adivinanzas, cuentos, componía canciones, contaba chistes, participó en un programa de televisión de  (Juan Carlos Tapia)

Sus manos tenían fuerza, eran mágicas, no había dolor que ella no quitara con sus masajes, un joven tuvo un accidente,  los médicos le habían diagnosticado que no volvía a caminar, y mi madre le dijo que ella lo iba a ayudar cuando le quitaban los tornillos, en cinco meses el joven pudo caminar, ese arte lo  aprendió con el Dr. Arrigo Guardia.

 La matriarca en la familia

Al recordar todas estas cosas, es inevitable que corran algunas lágrimas de mis ojos, mi madre decía, yo sé que me quieren, y siempre los voy a querer, son mi sangre, yo los parí,  cuando alguno tenía un dolor, les ponía  ungüento o un alcohol y empezaba a sobarnos, y se olvidaba de su dolor.

A marce la consideraban una líder donde llegaba, en Panamá viejo luchó por los lotes; en San miguelito, por la conexión de agua; en Concepción, por la colocación de  los  postes de luz y  las calles.

Secretos de mi madre.

 Ella decía escuchar a personas ya difuntas, e interpretaba los  sueños, esto lo heredó de sus antepasados, en varias ocasiones  tuvo estos encuentros, siempre se lo comentaba a su familia, a modo de información, una vez nos contó que se encontraba trabajando en el seguro,  se encontraba siempre con una señora , que  no recibía visitas, mi madre  la ayudaba, después le cambiaron el turno para la noche y ya no podía visitarla, una noche  se fue al baño, vió todos los baños vacíos,  iba a  entrar al último, que se encontraba medio cerrado, pero una vos le dice ”está ocupado”…estando dentro escucha una voz que le dice, “oye, donde te habías metido que casi no te veo”, ella le responde  que la habían cambiado el turno, “cuando salga hablamos”, mi madre se puso a esperarla, pero nadie salió, mi madre le pregunta ¿oye estas bien? Toca la puerta, no había nadie…pensó  que era una  broma, no había  nadie en los pasillo, se acordó de la señora del piso de abajo, fue a preguntar por ella, le dijeron que  el día anterior había fallecido. Mi madre pensó que ella quería despedirse de ella, fueron barios sucesos que tuvo así.

La Cardiopatía la  ultima batalla.

 La Cardiopatía dilatada,  su corazón agrandado no funcionaba bien, sus pulmones se llenaban de agua, padecía asfixia, tuvo varios paros respiratorios, pasó por un coma varios meses, pensábamos que era el fin, más no fue así, y ella contaba que en ese tiempo dormida, llego a conversar con Jesucristo…ella frente a él con lágrimas en los ojos le decía, mira mis manos todo lo he puesto en tí, dime que tengo que hacer, pero déjame terminar mi misión, y vió que El Señor le decía con las manos, date la vuelta y regresa…Y regresó, no me dijo cuál era su misión, pero creo saber terminar con los sellamientos de sus familiares, y hablar con sus seres queridos, decirle a todos para que se cuidaran, despedirse y demostrar su amor hasta el final, después de esto pasaron algunos años.

La última reunión fue el día de la madre, en la que casi todos pudieron llegar a distintas horas, pero llegaron, ella se sintió muy feliz, y en todo momento demostró su fortaleza, determinación y gran confianza en Dios, como verdadera guerrera.

Palabras y reconocimiento por parte del hno. Hugo López, obispo en el tiempo que la conoció.

En el año 1985, nos mudamos de los Andes # 2 a Villa Flor, San Antonio, por lo que nos tocó asistir al barrio de Pedregal, en esa capilla conocí al hermano Javier Olmos Garcia, un hermano muy leal y fiel, quien me llevó a conocer el  territorio que abarcaba el barrio, en ese entonces el de Juan Díaz formaba parte de la unidad, por lo que en una de las visitas conocí a la mamá de este buen hermano, la hermana Marcelina Garcia, una hermana fiel a morir en la obra, también conocí a varios de sus hijos, nueras, yernos, nietos, sobrinos y demás familiares; cada uno de ellos eran un reflejo de la buena madre con la que el señor les había bendecido, en el momento de criarlos, la iglesia crecía y nos separamos pero la hermana Marcelina, fiel a la obra, posteriormente ella recibió sus envestiduras y seguía allí en sus compromisos con el Señor, su salud se deterioraba cada vez más, pero de cada uno de los desafíos con su salud ella salía adelante.

A mi manera de ver las cosas, ella presentó el camino a su generación, y ellos le siguieron, porque ella tenía un buen temple de líder y de madre abnegada; para mí fue un privilegio haber conocido a esta buena y fiel hermana.

AGRADECIMIENTO

Quiero agradecer primeramente a Dios por haberme dado una madre guerrera, creo que la elección de ella antes de llegar fue la mejor, y si tuviera que volver a elegir la elegiría a ella, fue una crianza humilde, con sacrificios pero con amor, aunque no fue una mujer que lo dijera con su boca, lo hacía con sus acciones, le agradezco a mis hermanos que me recordaron algunas cosas que consideraron debía estar escrito, aunque muchos cuentos y anécdotas se quedaron por fuera, creo que se la hemos contado a nuestros hijos, siempre que la recordamos y reímos con todo lo que fue jocoso, es muy hermoso recordarla, y al escribir de ella, todos esos lindos recuerdo de nuestras vidas salen a flote, y así sebe ser siempre, y por eso escribo esto, para que muchos que no llegaron a conocerla, tengan una idea y la recuerden siempre, algunos de mis hermanos mayores tuvieron hijos con varios matrimonios, y esos hijos eran tan queridos como todos, mi madre siempre amó a todos por igual, y les agradezco a ellos que siempre demostraron mucho amor también por su abuela.

Por Dania Olmos Garcia de Rodríguez.